Esta vez no es la derrota lo que duele, hoy lo que duele es la sensación de despedida. De saber que de ahora en mas nada va a ser igual, por lo menos para nuestra generación que creció viendo a Messi jugar al futbol.
No me duele el haber perdido la Final del Mundo 1-0, me duele pensar que se termino un camino, y eso es lo que duele. Que tal vez esto fue una despedida. Odio las despedidas.
Messi nos hizo sentir vivos, mas argentinos que nunca. Y recién ahora cuando el resultado no acompaña nos damos cuenta de algo importante: que llegar ahí nunca fue fácil. Tal vez nunca fuimos del todo conscientes de lo que teníamos.
Messi nos mintió:
nos hizo creer que jugar finales del mundo era normal. Que llegar a lo más alto
era costumbre y nos acostumbramos a lo extraordinario. Y recién ahora entendemos
que lo normal nunca fue eso. El problema no fue perder, el problema fue olvidar
lo extraordinario que era llegar hasta ahí.
Lionel Messi
es y será el mas grande y el mejor de la historia de este planeta. No vamos a
ver otro igual, nada volverá a ser igual.





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